Ejecutiva Magazine

POR PROBLEMAS CON CADENAS DE SUMINISTRO Y OTROS, VARIAS EMPRESAS HAN REGRESADO A EE.UU.

Miami, lunes 13 de diciembre de 2021

Debido a problemas en las cadenas de suministro y dificultades operativas en el extranjero, cada vez más empresas estadounidenses vuelven a producir en su país de origen. Pero también allí enfrentan dificultades.

Durante décadas, empresas estadounidenses trasladaron su producción al extranjero. La mayoría buscaba mano de obra barata. La globalización reducía los costos e incrementaba el margen de utilidades.

Pero ahora, con la pandemia, ha quedado en evidencia la fragilidad de ese sistema. Precisamente la vertiginosa recuperación de la economía estadounidense amenaza con torpedear el repunte de muchas empresas. Por todas partes escasean las materias primas, los insumos y piezas. Por ejemplo, ya no hay semiconductores. La crisis del COVID-19 ha mostrado sus límites al afán gerencial de optimización.

Empresas pequeñas, las más afectadas

Las pequeñas y medianas empresas, que no tienen capacidad de negociar e imponer precios a sus proveedores, se ven especialmente afectadas por el colapso de las cadenas de suministro. Porque allí donde algo escasea, suben los precios. Los costos de producción aumentaron nada menos que un 8,6 por ciento en octubre.

Incluso los grandes consorcios padecen las consecuencias de estos obstáculos que, según analistas, podrían persistir hasta avanzado el año 2024. Apple, por ejemplo, registró una reducción de seis millones de dólares en su volumen de ventas en el tercer trimestre. Nike reportó problemas de producción en Vietnam, por lo que fabricará 160 millones de zapatillas menos que lo previsto hasta fines de año. Y el consorcio de juguetes Hasbro enfrenta fuertes incrementos del costo de transporte de cargas, que merman sus ganancias.

Por eso, cada vez más empresas optan por trasladar nuevamente su producción a Estados Unidos. Una tendencia que se perfilaba desde antes del estallido de la pandemia. En 2019, en el apogeo de la pugna comercial con China, las empresas estadounidenses ya planeaban, más o menos voluntariamente, reducir su dependencia del mercado asiático.

Regreso masivo

Más de 1.800 empresas se proponen retornar parcial o totalmente su producción a Estados Unidos. Esto generaría hasta fines de año unos 220.000 puestos de trabajo en el país, sobre todo en los campos en que las cadenas globales de suministro han sufrido más interrupciones.

Ya en marzo, Intel anunció que invertirá cerca de 20.000 millones de dólares en dos nuevas fábricas de semiconductores en Arizona. General Motors está trasladando actualmente su producción de baterías de vuelta a Michigan, que espera convertirse en un nuevo emplazamiento para la innovación en productos de litio. Y, mientras los precios del acero suben como la espuma, el productor estadounidense U.S. Steel ha resuelto no construir en el exterior su nueva fábrica, que costará unos 3.000 millones de dólares, sino en Alabama o Arkansas.

Apoyo estatal

El tiempo apremia, y también el presidente estadounidense lo tiene claro. La Casa Blanca considera los cuellos de botella en los insumos como un riesgo para la seguridad nacional. Ya en febrero, Joe Biden ordenó examinar la resistencia de las cadenas de suministro en áreas centrales de la producción. Y su paquete de medidas para mejorar la infraestructura, dirigido a respaldar a las empresas, fue aprobado hace pocos días finalmente por el Congreso.

Pero eso no es suficiente, a juicio de Harry Moser, quien dirigió por más de dos décadas una empresa mediana, dedicada a la fabricación de máquinas-herramienta. Considera encomiable que Biden adopte medidas necesarias, como realizar inversiones en la producción de semiconductores y baterías, pero piensa que las ayudas son demasiado poco profundas como para fortalecer realmente la producción nacional.

“Nuestros costos de producción son un 15 por ciento más altos que en Alemania, y un 40 por ciento mayores que los de China”, afirma. Por eso, urge a reducir costos, por ejemplo, mediante rebajas tributarias, y a hacer inversiones de largo plazo en la capacitación de mano de obra especializada. Y apunta: “Si no abordamos los problemas de fondo, no fabricaremos suficientes productos electrónicos ni vehículos en los que poder incorporar nuestros chips y baterías subvencionadas”.

Fuente: DW

Redacción Miami

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