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¿Los aceites esenciales son seguros para mi mascota?

Por Karen Blanco/ Miami.

Las señales que advierten que su mascota sufre una intoxicación con aceites esenciales son: vómitos, diarreas, mareos, irritación gastrointestinal, una producción excesiva de saliva e, incluso, debilidad y temblores. 

El uso cotidiano de los aceites esenciales en difusores y vaporizadores aumenta la exposición a perros y gatos a estas sustancias que, en ocasiones, pueden causarles problemas. Según los veterinarios, a veces pueden resultar peligrosos. “En general, si son utilizados con precaución, no tienen por qué suponer un problema; el problema es que, al ser absorbidos por la piel, si hay un exceso, y sobre todo si se ingieren, sí pueden causar problemas sobre todo gastrointestinales e irritar el aparato digestivo”, afirmó Francisco Soler, veterinario y catedrático en Toxicología por la Universidad de Extremadura y coordinador de la sección de Toxicología veterinaria en la Asociación Española de Toxicología (AETOX).

Es todo cuestión de dosis, remarca. Una cosa es usar un difusor o spray en casa como aromatizante, y otra muy distinta, embadurnar al can o felino en estas sustancias con la intención de que huela a estas plantas, “algo que sí sería muy peligroso, sobre todo si el animal se lame, ya que puede irritar su aparato digestivo”, comentó Soler, en especial si se trata de las variantes de aceites más concentradas, cercanas al 100 %.

Por la forma en que son procesados, los expertos alertan que la toxicidad de los aceites esenciales crece para el amigo de cuatro patas cuando estas sustancias entran en contacto con su piel o son absorbidas a través de la mucosa de su boca u hocico. Por eso, pueden causar irritación las vías respiratorias. “El problema es que perros y gatos tienen una pituitaria más sensible que nosotros, por lo que es posible, además, que les produzcan cierta irritación”, apuntó la veterinaria María Ángeles Casado.

Si vivimos con un can o un felino, debemos usar los difusores de aceites esenciales con precaución.

Otras señales que advierten de que el perro o gato sufre una intoxicación con aceites esenciales son: vómitos, diarreas, mareos, irritación gastrointestinal, una producción excesiva de saliva e, incluso, debilidad y temblores. Y puesto que son sustancias liposolubles, en exceso pueden llegar a interaccionar con el sistema nervioso y causar intranquilidad y hasta depresión al animal.

Por eso, si vivimos con un can o un felino, debemos usar estos difusores con precaución. Además, hay que mantener estos difusores fuera de su alcance, incluso cuando no están en funcionamiento. Y si estamos preocupados y creemos que puede haber ingerido o entrado en contacto con aceites esenciales tóxicos, el consejo es llamar de inmediato al veterinario.

No todos los aceites son iguales

Según el Centro contra el Envenenamiento de Animales, la toxicidad para la mascota depende de varios factores. Lo primero que hay que tener en cuenta es que existen muchos tipos de aceites esenciales. No todos son iguales, ni peligrosos para estos animales. Mientras que puede ser inocuo aspirar el vaho que emana de una cacerola con agua hirviendo y hojas de eucaliptos o emplear humidificadores con unas gotas de aceite de eucalipto para el tratamiento de la tos e infecciones de garganta y nariz, no siempre es así.

Según el Centro de Ayuda para el Envenenamiento de Mascotas, las intoxicaciones más frecuentes se producen con aceite de melaleuca o árbol de té, poleo, menta, gaulteria (o wintergreen) y aceite de pino. Además, los gatos también son muy sensibles a los compuestos fenólicos (alcohólicos) que contienen algunos de estos aceites. Y “hay que tener especial cuidado con el aceite esencial del árbol de té”, concluyó un informe de la Universidad de Tufts (Massachusetts, Estados Unidos).

Además, afecta la concentración en la que se presenten. Mientras que colonias y champús pueden contener aceites esenciales en una concentración entre el 1 % y el 20%, el uso de estas sustancias en difusores hace que los aceites esenciales al 100 % (o casi) se hayan extendido. Y, cuanto mayor es la concentración, mayor es el peligro. 

Los gatos son más sensibles

Los gatos son más vulnerables a los potenciales peligros de los aceites esenciales. El metabolismo del felino es distinto y no es capaz de degradar las sustancias tóxicas que entran en su cuerpo con la misma eficacia. En concreto, “los gatos carecen de enzimas capaces de usar el ácido glucurónico (similar a la glucosa), que interacciona e inactiva las moléculas tóxicas”, añadió Soler. Por eso, mientras que los perros pueden metabolizar estos tóxicos, los gatos no son tan eficientes en esta tarea.

También hay que tener especial cuidado con los animales que padezcan una enfermedad, sobre todo, hepática (ya que el hígado es el órgano encargado de metabolizar muchos de estos aceites esenciales), tengan un problema en las vías respiratorias (como asma) o una dermatitis o heridas en la piel.

¿El consejo final? Sí, podemos utilizar los difusores de aceites esenciales, pero con moderación, y nunca directamente sobre la piel del perro o gato.

Redacción Miami

Redacción Miami

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