Miami, FL, lunes 7 de septiembre de 2026. Asumir la dirección de una gran corporación nunca es una tarea sencilla. Hacerlo cuando la industria atraviesa profundas transformaciones económicas, tecnológicas y laborales convierte el desafío en algo mucho mayor. Ese es el escenario que enfrenta Karen S. Carter al tomar las riendas de Dow, uno de los mayores grupos industriales de Estados Unidos.
Carter asumió como CEO de Dow este verano, convirtiéndose además en una de las pocas mujeres negras que han alcanzado la máxima posición ejecutiva dentro de una compañía Fortune 500. Es un hito importante, pero reducir su llegada únicamente a una cuestión de representación dejaría fuera la parte más interesante de la historia: el tipo de liderazgo que necesitará ejercer.
Carter conoce profundamente la organización. Antes de llegar a la posición de CEO ocupó diferentes responsabilidades dentro de Dow, incluyendo cargos vinculados con recursos humanos, inclusión, operaciones y negocios. Esa combinación resulta especialmente relevante porque las grandes compañías industriales ya no pueden ser administradas pensando exclusivamente en producción, costos y ventas.
Hoy, un CEO debe entender simultáneamente tecnología, talento, cadenas de suministro, geopolítica, sostenibilidad, inteligencia artificial y las cambiantes expectativas de clientes e inversionistas.
En ese contexto, la experiencia de Carter alrededor de las personas puede convertirse en una ventaja estratégica.
Durante décadas, buena parte del liderazgo industrial estuvo asociado con una estructura vertical: decisiones tomadas desde arriba y organizaciones diseñadas principalmente alrededor de eficiencia y escala. El modelo está cambiando. Las empresas siguen necesitando eficiencia, pero también requieren velocidad para adaptarse, capacidad para atraer talento y líderes capaces de conducir organizaciones sometidas a transformaciones constantes.
Y ahí aparece una de las grandes paradojas del liderazgo moderno: cuanto más avanza la tecnología, más importante resulta la capacidad humana de dirigir el cambio.
Para Carter, además, existe otro desafío. Cuando alguien alcanza por primera vez una posición histórica dentro de una gran corporación, inevitablemente recibe una atención adicional. Sus decisiones serán observadas no solamente por sus resultados financieros, sino también por lo que su liderazgo pueda representar para otras mujeres que aspiran a ocupar posiciones similares.
Sin embargo, el verdadero impacto de su gestión terminará midiéndose con los mismos criterios que enfrentan todos los grandes CEOs: crecimiento, competitividad, innovación y capacidad para transformar la compañía.
La llegada de Karen S. Carter a la dirección de Dow representa así algo más que un nuevo nombre en la lista de mujeres que lideran grandes empresas estadounidenses.
Es también una señal de cómo está cambiando el perfil de quienes llegan a la cima corporativa.
Porque dirigir una empresa industrial del siglo XXI ya no consiste solamente en administrar lo que funciona. Consiste en preparar una organización gigantesca para lo que todavía está por venir.

